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66 años del lugar más dulce de Manizales

La Suiza no es solo una pastelería, es un punto de encuentro y un sitio de tradición que ha trascendido en la historia de la ciudad y su nombre cada vez se expande más al mundo.

Publirreportaje | LA PATRIA | Manizales

Quien no haya tenido el gusto de saborear las famosas milhojas de La Suiza o deleitarse con sus tradicionales acordeones no ha conocido en su totalidad la esencia de Manizales, pues sabores como estos son apetecidos no solo en la región sino también en otras ciudades del país e incluso del exterior.

Quien sí ha tenido en su paladar el sabor de sus helados o de sus pasteles y postres sabe que la tradición de esta pastelería no ha sido en vano. Lo mismo aquellos que desde la distancia esperan a que alguien que los visite les haga entrega de estos bocados maravillosos, que incluso conservan su aroma y sensación a través de los kilómetros, gracias a su novedoso empaque, que se ha modernizado con los años.

Lo cierto es que La Suiza es un nombre con historia. Es una empresa que está haciendo ciudad y que además de deleitar paladares le aporta a la economía de la región.

Hoy en día cuenta con una carta que ofrece los exquisitos productos de esta empresa hechos por hombres y mujeres cabezas de familia, lo que los hace una entidad que trabaja con responsabilidad social.

Como una compañía que crece y se fortalece La Suiza cuenta con una nueva línea de negocio. Allí también atienden matrimonios y eventos empresariales, así que cada vez está generando más empleo.

Seis décadas de historia

La historia de La Suiza comenzó en Manizales en 1952, cuando los suizos Alfredo Wetzel y Antonio Schlanser abrieron la tradicional pastelería en un pequeño y acogedor lugar en el centro de la ciudad. Allí los manizaleños se deleitaban con sus pasteles y productos de hojaldre.

En ese momento Wetzel y Schlanser supervisaban los procesos y calidad de los productos que ofrecían en ese local al costado del Banco de la República.

Con el tiempo La Suiza se convirtió en sitio de reunión de los manizaleños. Años más tarde la pastelería se trasladó a un local más grande en la carrera 23 entre calles 27 y 28.

En 1961 el suizo Oscar Schmid compró La Suiza y la convirtió en un salón de té, abriendo sus puertas en la carrera 23 entre calles 24 y 25.

A finales de la década de los 60, Max Jourdan y Rodolfo Lendi la compraron. A partir de este momento La Suiza tuvo su mayor crecimiento gracias al amplio conocimiento en pastelería y repostería de estos dos suizos.

Para ese entonces este era un punto de encuentro de jóvenes estudiantes de la ciudad. Se convirtió en un sitio especial y muy concurrido, como hasta ahora, pues el tesón, dinamismo y perseverancia de los colaboradores y quienes participan activamente de las labores cotidianas, garantizando un alto estándar de calidad, higiene y servicio, cuidando cada detalle, han hecho de este lugar, icono de la ciudad, una de las empresas de más tradición en la región.

Su secreto

La Suiza es hoy en día un punto de referencia obligado y tiene una trayectoria de más de medio siglo. Su secreto, la gran acogida por parte de sus clientes y sus sugerencias recibidas. Es por ello que sus delicias trascienden en el tiempo y en el corazón de manizaleños e incluso foráneos y turistas que se llevan una impresión dulce de la ciudad.